Bares por Lavapiés
MADRID

Amores de Bar: La cita de Sandra y Tania (Lavapiés)

Estaba tan nerviosa que llegó al encuentro dos horas antes. Entró en Cafelito y pidió su capuccino especial de coco (una golosina que terminó en apenas dos minutos mientras releía sus últimas conversaciones con Tania). A este primer café le siguió un carajillo con crema de orujo, con la excusa de soltarse un poco -aunque ya era habitual que Sandra se permitiese una o dos copitas de vino antes de cualquier cita importante-. En esta ocasión, como escasamente pasaban unos minutos de las 11 de la mañana, no encontraba justificable nada fuera más allá de un chorrito de licor en la bebida. Además, sabía que si se dejaba abrazar por el alcohol demasiado pronto, no estaría en condiciones de terminar la completa ruta de bares por Lavapiés que llevaba días preparando.

Ruta de bares por Lavapies: dónde comer y beber en el barrio más cosmopolita de Madrid.

(Todas las ubicaciones las encontrarás en un mapa al final del post)

La primera vez que la vio estaba sentada en una terraza de la calle Argumosa, bebiendo a morro de un botellín helado y peleándose con el viento que le empujaba los pelos contra la cara. Se la presentó Carlos, su compañero de piso, cuando salían de un concierto en el Teatro del Barrio. Buscando dónde tomar una caña y picar algo antes de volver a casa, se encontraron con Tania y otras amigas más de cuyo nombre ya no se acuerda. A ella, sin embargo, no ha podido quitársela de la cabeza desde entonces.

A los pocos días empezaron a seguirse en Instagram y a escribirse casi a diario. Intercambiaban recomendaciones cinematográficas, comentaban los podcasts que estaban escuchando y compartían anécdotas de todos los viajes que habían hecho antes del estallido de la pandemia. Para paliar quizás ese apetito nómada que llevaban meses sin lograr satisfacer por completo, decidieron quedar en Lavapiés, barrio multicultural -ojo, a la vez que castizo- como pocos.

bares por Lavapiés

Tania llegó en el preciso instante en el que se abrieron las puertas del Chinaski y ambas se abrazaron al verse, sin quitarse la mascarilla. A pesar de la tela que cubría la mitad de sus rostros, Sandra logró reconocer un aroma dulce, como a mantequilla, que provenía de la piel que la acariciaba.

Cuando pidieron su primera cerveza y dejaron sus bocas al descubierto, también se percató de que Tania tenía una pequeña mancha en la comisura de los labios. Le pidió permiso para retirársela.

– Ay, gracias. Puedes lamerte el dedo si quieres, es chocolate -dijo riéndose- es que no había desayunado y como justo he pasado por delante del ACID… no he podido resistirme a un cruasán que me hacía ojitos desde la vitrina.

Chinaski - Bares por Lavapiés

El Chinaski, mítica cervecería del barrio, se encuentra en lo que fue una tienda de ultramarinos, La Colonia de San Lorenzo (por cierto, patrón de Lavapiés). Y su interior, colorido y vibrante a más no poder, está decorado a mano por Mariano Durante. Igualmente, su cartelera de cervezas artesanas está a la altura. Las chicas optaron por pedir recomendación a la casa, porque escoger entre los 18 grifos en rotación que tiene este referente de la escena birrera madrileña puede ser una tarea complicada.

Para comer, optaron por el Mercado de Antón Martín con puestos de cocina peruana, mexicana, taiwanesa o italiana. Un auténtico parque de atracciones para viajeros de paladar exquisito.

La elección, en este caso, estaba clara. Tania, que había vivido un par de años en Japón dando clases de español, insistió a su cita para que fueran a probar «un sushi económico, auténtico, sin trampa ni cartón», mientras le contaba sus aventuras en el país del sol naciente. Así, aterrizaron en el puesto de Yoka Kamada.

Yokaloka Lavapiés

En la mesa compartida de Yokaloka, fueron desfilando a buen ritmo el sushi, la anguila ahumada y el ramen, resultado de muchas horas de chup-chup y los mejores ingredientes.

Tras esa gozosa cita con el umami, decidieron hacer la digestión -y manitas- en el Cine Doré, viendo alguna cinta clásica. Casualmente, esa tarde ponían una de Kurosawa.

El ambiente romántico y modernista de su impresionante sala de proyecciones, la oscuridad y el silencio en el palco de butacas, la atmósfera envolvente… todo prometía un momento de intimidad juguetona. Aunque la separación obligatoria entre asientos -ay, Covid dichoso- impidió que hubiera algo más allá de un par de tímidas caricias y miradas de reojo. La imaginación y la abundante química que casi podía palparse empezó a picotearles bajo el ombligo.

Cine Doré

Luego, a esa hora en la que aún es pronto para cenar y tarde para merendar, decidieron hacer tiempo paseando hasta que algún antojo les hiciera parar.

– El mejor plan para cuando no hay plan.

Bajaron en dirección a la Glorieta de Embajadores, pasando por los fotogénicos muros de La Tabacalera, y llegaron a La Casa Encendida, donde estuvieron un buen rato cotilleando la ecotienda y alguna de sus exposiciones gratuitas.

– ¿Te apetece que busquemos una terracita para tapear algo? -propuso Tania.

– Creo que no tengo mucha hambre todavía -con los nervios aún en la boca del estómago, Sandra estaba segura de no poder probar bocado hasta que no se quitara esa cosa que le bullía dentro y que en realidad no era más que impaciencia. Ganas de darle un beso.

– Vale, me parece que conozco un sitio para abrir el apetito.

El sitio era Savas. Un rinconcito que llegará a ser, si todavía no lo es, coctelería de culto por méritos propios. Un Ruso Blanco de categoría, un Whisky Sour que cura todos los males y un cuenco de mini pretzels para acabar de redondear la combinación, terminaron por despertar todos los apetitos de las dos mujeres. Y llegó por fin el ‘mua’.

Savas - Bares por Lavapés

Sobre las nueve y media el estómago les empezó a rugir y decidieron buscar un bocado contundente para absorber todos los tragos que habían caído a lo largo del día.

– ¿Zapatillas de lacón y croquetas?

– Uf, ¿el Melo’s? Planazo.

Con esas tapas, pasaron del exotismo mañanero al erotismo nocturno. Al pringue, al food porn más calórico y tradicional en la recientemente resucitada taberna de Lavapiés. Con cuarenta años de historia y la misma carta de siempre.

 

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Y aquí vamos a dejar a las protagonistas de esta historia, rematando entre fritos y espuma un sábado estupendo. Aunque es probable que aún les queden unas cuantas Zapatillas más por compartir. Y copas de vino en La Caníbal. Y vermuts en Lo Máximo. Y gambas en La Mina. Porque después del año de cataclismos por el que todos hemos pasado, tenemos unas ganas tremendas de seguir amando y viviendo.

Ahora y por mucho tiempo. De Lavapiés al cielo.

Ruta de bares por Lavapiés para tu primera cita:

(No están todos los que son, pero son todos los que están -¿por qué no nos recomiendas tu bar de Lavapiés favorito en los comentarios?-)

Este post pertenece a una serie de microrrelatos hedonistas por los barrios de Madrid. Los personajes y sus situaciones pueden ser o no ficción. El amor por los bares es 100% real.

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