Nuestras coctelerías favoritas de Madrid
Madrid vive uno de los mejores momentos de su historia coctelera. Sus barras pueden competir con las de las grandes capitales internacionales, con propuestas de coctelería de autor que van más allá de las modas y que llevan tiempo demostrando que un buen cóctel no necesita una puesta en escena pensada para la foto ni ir a buscar los ingredientes a la otra punta del planeta.
Esta es una selección de cinco de las mejores coctelerías de Madrid (o, al menos, son a las que nosotros acudimos más a menudo cuando queremos beber bien). Lugares con carácter, bartenders que conocen el oficio y cartas de esas a las que uno vuelve con la excusa de probar algo nuevo.
Angelita, de la huerta a la copa
Calle de la Reina, 4
Angelita es una de esas barras que han cambiado la forma de entender la coctelería en Madrid. Al frente están los hermanos Mario y David Villalón, responsables de un proyecto que reúne restaurante, wine bar y coctelería y que ha construido buena parte de su identidad alrededor del producto. Muchos de los ingredientes que utilizan proceden de la huerta familiar de Zamora y el equipo produce en el propio bar destilados, fermentos, maceraciones, refrescos y otras bases que después acaban dentro de las copas.
También han desarrollado una manera muy particular de preparar sus creaciones. Angelita trabaja con un sistema no ice: prescinde del hielo durante la elaboración, pesa los ingredientes y calcula previamente la dilución. Su carta actual, Raíces, lleva esta filosofía un paso más allá y acerca todavía más la barra a la cocina, con cócteles construidos a partir de verduras, raíces, fermentaciones, grasas y otros ingredientes poco habituales. Ahí aparecen propuestas tan diferenciales como Dry Sbagliatto, con prosecco y polvo de Negroni; Topinambo, con whisky, piel de pollo, amontillado, topinambur y chalota negra; o Chitina, elaborado con ron, grillos, higuera y cebada.
La planta superior completa la experiencia con cocina contemporánea y una extensa selección de vinos, mientras que la planta inferior concentra la parte más experimental de la coctelería. Esa convivencia entre huerta, cocina, vino y barra explica buena parte de una propuesta que ha llevado a Angelita a figurar en rankings internacionales como The World’s 50 Best Bars y Top 500 Bars.
Nuestro cóctel imprescindible: Bloody Mary (destilado Huerta Castellana, zumo de tomate, aliño de fondos, vino de Jerez desalcoholizado, apio, cayena y cilantro)
Momus Bar, alta gastronomía líquida
Calle de San Bartolomé, 11

Momus es el proyecto personal del bartender gaditano Alberto Fernández que, después de su etapa al frente de la coctelería de Saddle, decidió abrir en 2022 su propio bar de cócteles en el barrio de Chueca. Desde entonces, este espacio dedicado a la coctelería de autor se ha convertido en una de las direcciones de referencia de Madrid para quienes se toman la coctelería en serio.
Su nueva carta es, en cierto modo, un regreso a casa. Fernández mira hacia Cádiz, su ciudad natal, y recupera además una idea que ya estaba presente en sus anteriores (y premiadas) propuestas como Colores o Geometría. Mirar el mundo con curiosidad, asombro y sin prejuicios, como si fuera la primera vez. “Volvemos al origen no como arqueólogos, sino como alquimistas; no buscamos reliquias, sino semillas”. La frase de presentación de la propuesta resume bien una curiosa experiencia que empieza antes de que mojarse los labios.
La carta reúne 10 cócteles inéditos y 10 míticos, además de cuatro opciones sin alcohol y seis tinys, versiones pequeñas de algunos tragos. Los símbolos del alfabeto fenicio sirven para explicar el perfil de sabor de cada cóctel. Cócteles que se presentan sin distracciones ni confeti, la fiesta está en el interior del vaso.
Y aunque detrás de cada elaboración haya investigación, técnicas de alta gastronomía y varios galardones (como su inclusión en Top 500 Bars), Momus mantiene ese punto cercano, divertido y sin demasiadas solemnidades. Una coctelería en Chueca de esas en las que se entra a tomar una copa y, sin darte cuenta, estás pidiendo la tercera.
Nuestro cóctel imprescindible: Maguey (tequila reposado, mezcal, lima, licor Humo, agave y pera)
Savas Bar, clásicos con acento nórdico
Calle de la Sombrerería, 3
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Detrás de esta pequeña coctelería de Lavapiés están Gintas Arlauskas y Dovile Krauzaite, una pareja lituana afincada en Madrid desde hace más de una década. Su carta es breve y parte de recetas clásicas que reinterpretan con pequeños giros propios, muchas veces ligados a sabores e ingredientes nórdicos. El ejemplo más claro es su Negroni elaborado con aquavit noruego y vodka de arándanos rojos macerado por ellos mismos, una referencia directa a productos habituales en Escandinavia y Europa central.
Ese mismo enfoque aparece en otros tragos como el Smoky Sour, el Tom Collins, el Bloody Mary o su Ruso Blanco, donde sustituyen la fórmula habitual por Pimm’s nº1, bourbon, Amaro Averna y espuma de leche. No trabajan con cartas extensas ni con presentaciones aparatosas. Con cada bebida sirven como cortesía unos pequeños pretzels aliñados, un aperitivo sencillo que se ha convertido casi en otra seña de identidad del bar.
El local, pequeño y de estética industrial, gira alrededor de una barra de mármol blanco y una forma de servicio bastante directa. En esta coctelería de Lavapiés la atención se concentra en lo que ocurre dentro del vaso; una manera poco aparatosa de entender el oficio que no le ha impedido acumular reconocimientos. Savas recibió el premio Bares y Tragos de la Academia Madrileña de Gastronomía en 2021, apareció ese mismo año entre los 100 mejores bares de The World’s 50 Best Bars y fue reconocido por Top Cocktail Bars en 2025.
Nuestro cóctel imprescindible: Ruso Blanco (Pimm’s nº1, bourbon, Amaro Averna y espuma de leche).
Devil’s Cut, un viaje de Tokio a Jerez
Calle del León, 3

Devil’s Cut es el primer proyecto en Europa de Shingo Gokan, uno de los grandes nombres de la coctelería internacional. Su historia de amor con el vino de Jerez empezó hace más de veinte años, cuando trabajaba en Tokio, y la cosa debió de dejar huella porque desde entonces ha acompañado buena parte de su carrera. En Devil’s Cut, esa relación se convierte en uno de los hilos conductores de la carta, organizada en tres bloques. Angel’s Classics recupera algunas de las recetas de sus años en el mítico Angel’s Share de Nueva York; The SG’s Favorites reúne creaciones procedentes de sus proyectos en Tokio, Shanghái, Okinawa y Hong Kong; y Devil’s Signatures concentra los cócteles creados específicamente para Madrid. Es en esta última sección donde aparecen con más claridad las referencias españolas, con combinaciones que incluyen jerez e ingredientes inesperados como queso manchego o jamón ibérico.
La cocina juega a ese mismo cruce de culturas, con unos pocos platillos de inspiración japonesa atravesados por producto y sabores locales. Está su Japanese Potato Salad con jamón ibérico, la cecina con wasabi o la Okonomi Tortilla, entre otros bocados. Una propuesta breve pensada para acompañar sin eclipsar a los verdaderos protegonistas de esta función, los cócteles.
Desde su apertura, Devil’s Cut ha recibido el premio de Tales of the Cocktail a mejor apertura internacional, dos estrellas de Top Cocktail Bars y ha entrado en Top 500 Bars.
Nuestro cóctel imprescindible: Manchego Sour (pisco, moscatel, té oolong, clara de huevo y queso manchego).
Marrufo, la cantina ecléctica de Malasaña
Calle Noviciado, 16
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Marrufo abrió en 2021 en el antiguo Casa Candi, uno de esos bares de barrio que forman parte de la memoria de Malasaña. Carlos Marrufo, oaxaqueño y vinculado desde hace años al mundo del mezcal, quiso conservar ese espíritu de bar cercano y poco solemne, pero llevando la coctelería al centro de la propuesta. El resultado se parece más a una cantina de barrio que a una coctelería al uso, con una carta amplia de clásicos y creaciones propias.
El mezcal y el tequila atraviesan buena parte de la carta. Conviven clásicos como Naked and Famous, El Diablo, Oaxaca Old-Fashioned o Mezcal Sour con recetas de la casa como Alma de Cántaro, Chaparrita, Pichichi o Electric Güera Acid Test. La selección de mezcales tampoco está pensada únicamente para mezclar. Marrufo propone beberlos solos y despacio, siguiendo una forma de consumo mucho más próxima a Oaxaca, con referencias que pueden incluir variedades como Espadín, Tepextate o Madrecuixe.
Pero Marrufo se entiende también por todo lo que ocurre alrededor de la barra. La música cambia constantemente entre soul, funk, cumbias, jazz, ítalo disco, rock, indie o boleros y forma parte deliberadamente de la personalidad del local. También mantiene una relación especialmente estrecha con los negocios de Noviciado, desde la frutería que les suministra cítricos hasta comercios que han colaborado en las cartas o en otros elementos del bar. Esa vida de barrio es una parte bastante literal de su manera de funcionar.
Y aunque el cóctel sea el protagonista, la carta actual permite acompañarlos con gildas de boquerón y anchoa, tamales de queso, cochinita o pollo con salsa verde, además de raciones de queso y cecina, una oferta breve que encaja con ese aire de cantina adaptada a los tiempos modernos.
Nuestro cóctel imprescindible: Electric Güera Acid Test (mezcal, licor de flor eléctrica, cordial de hibisco y zumo de limón).