Así comimos en El Celler de Can Roca, uno de los mejores restaurantes del mundo
Me cuesta ahorrar, lo admito. Y es algo que suelo achacar a una pulsión hedonista (vivir en Madrid con un sueldo de ejecutiva también tiene mucho que ver). Con todo, ser una persona moderada, comedida, austera y prudente, probablemente no nos habría llevado hasta este lugar: El Celler de Can Roca, en Girona, uno de los mejores restaurantes del mundo.
El Celler de Can Roca: una viaje gastronómico, lúdico y sensorial
Incluso sin haber pisado nunca un triestrellado, uno llega con una idea bastante clara de lo que cabe esperar: una experiencia larga (en este caso, un “Festival” de 320 euros, sin alternativa), tiempos medidos al milímetro, una bodega espectacular y un servicio de pan para repetir hasta que el estómago aguante. Mariscos, foie, trufa, caviar. Petit fours. Y todo eso está, sí.
Sin embargo, para un paladar de plebeya poco habituado a los bivalvos y a las huevas de esturión, la verdadera sorpresa de este menú llegó con los platos elaborados a partir del producto más humilde. Lechuga, berenjena, boniato, calabacín, chirivía, tupinambo. La perfección no existe, ni siquiera en El Celler de Can Roca, pero algunos de estos pases la rozan de cerca.

Otro de sus grandes logros es evitar que una experiencia de tres horas y media resulte pesada o excesiva, a menudo a través del juego: la taza “mágica” en la que llega el consomé de bienvenida; un gazpacho que se mastica y tiene forma de nariz; un sorbete que busca rescatar aquel recuerdo infantil de llevarse a la boca la punta del lápiz… Hay técnica, por supuesto, pero también humor y una ligereza no tan común en la alta cocina.
El poder de tres es el secreto de su éxito
La sala se organiza alrededor de un claustro triangular que enmarca un bosque interior, un gesto nada azaroso que recuerda que aquí todo gira en torno al número tres. Tres hermanos: Joan, Josep y Jordi Roca. Lo salado, lo líquido y lo dulce. Tres talentos que se cruzan sin estorbarse para ofrecer una experiencia coral equilibrada y coherente.
Sin destripar demasiado, podemos decir que el menú funciona como un recorrido por los orígenes y la memoria de estos chefs, que no necesitan ofrecer grandes discursos para justificar cada pase. Hay mucha innovación, pero también sabores que remiten al Can Roca original, el restaurante familiar sus padres abieron sus en 1967 (aún existe) y sin el cual El Celler de Can Roca no habría sido posible.

La bodega, uno de los grandes orgullos de la casa, acompaña el viaje gustativo a través del maridaje o de recomendaciones a medida, algo muy útil dada la facilidad para perderse entre las cartas, que se pueden hojear al inicio de la velada y que reúnen unas 4.000 referencias.
A pesar de ser un restaurante elevado a la categoría de templo, el servicio acompaña sin una solemnidad excesiva, con una hospitalidad que hace que el comensal se sienta acompañado, pero nunca examinado.

Al final, te marchas con la mejor de las sensaciones: qué buen rato, qué anfitriones de excepción, cuánta felicidad se consigue por menos de diez euros el bocado. No es una experiencia al alcance de muchos, pero pocas veces algo lo vale tanto.
Consejos para conseguir mesa y disfrutar al máximo de la experiencia
- Conseguir mesa en El Celler de Can Roca requiere previsión, suerte y paciencia, por este orden. Las reservas se abren en su web el primer día de cada mes a las 00:00 horas, con hasta 11 meses de antelación, y se agotan con rapidez. Ten la tarjeta de crédito o débito preparada, te la pedirán para garantizar la reserva. Si no tuvieras suerte, apúntate en la lista de espera ya que las cancelaciones, sobre todo entre semana, son frecuentes (así conseguimos reservar nosotros).
- El menú Festival tiene un precio cerrado de 320€ en el momento de publicación de este artículo y es la única opción disponible. Se pueden adaptar a alergias e intolerancias, pero no es un restaurante recomendable para personas poco curiosas o de apetito muy limitado.
- Confía en el personal, desde la sala hasta el sumiller. Sus recomendaciones están pensadas para que el disfrute sea completo.
- Los hermanos Roca han apostado siempre por crecer desde su territorio, Girona, generando a su alrededor un universo gastronómico y hotelero que va mucho más allá del restaurante: proyectos como la heladería Rocambolesc, la tienda y el hotel Casa Cacao, el restaurante Normal o el bar de vinos, tapas y platillos Vii son algunos de los lugares que podrás visitar para completar el viaje gastronómico. También merece la pena acercarse a Can Roca, el restaurante de sus padres. Lugar donde estos crecieron estos genios «entre l’enrenou del bar de barri i les aromes de la cuina generosa de la nostra mare. La nostra casa primigènia, l’origen de tot».