Comer en Nueva York
AMÉRICA,  ESTADOS UNIDOS

Diario comestible de Nueva York

Si viajas próximamente a la ciudad, este diario te servirá como guía para descubrir dónde comer en Nueva York y a qué sabe cada barrio. Prepárate para un festín con todos los sentidos.

Comer en Nueva York: diario comestible de una primera escapada neoyorquina

Qué rápido normalizamos el olor a hierba, la fauna del metro, las colas para todo y el precio prohibitivo de las cervezas. Para el tercer día, ya estábamos sumergidos en la cotidianidad de los neoyorquinos y su hedonismo capitalista: cruzábamos las calles con el semáforo en rojo, paseábamos mirando el suelo con el café en la mano y pagábamos sin dolor 80 dólares por dos cheeseburgers y un plato de patatas fritas que, apiladas una sobre otra, alcanzarían la altura del Chrysler.

Pero empecemos por el principio…

Comer en Nueva York

Día 0 y medio: ¡Dios bendiga los food trucks!

📌Bushwick

Después de interminables horas en el control de pasaportes, llegamos al hotel pasada la medianoche, casi seguros de que nos quedaríamos sin cenar. Pero cuando estás Nueva York, una ciudad obligada a satisfacer a ocho millones y medio de paladares locales (y sesenta millones de visitantes al año), si te vas a la cama con el estómago vacío, es porque quieres.

Aquí, los puestos callejeros o food trucks son más que un recurso de emergencia: son un pilar gastronómico y cultural. Eso significa que puedes darte un banquete en plena calle a altas horas de la madrugada, por menos de 10 dólares, a base de pizzas, perritos calientes, tacos o comida halal. Una proposición que resulta especialmente atractiva ahora que la inflación ha disparado los precios de los alimentos en la ciudad, donde cenar fuera cuesta casi un 6% más que en 2023 (seguro que has oído hablar de la icónica pizza de un dólar; en casi cualquier sitio, ya cuesta más de dos).

A pesar de que nuestro hotel se situaba en una de las zonas menos cool de Brooklyn, descubrimos varios puestos de tacos abiertos en los alrededores. Pedimos media docena en la camioneta más cercana y cenamos en la habitación de manera humilde pero deliciosa. Un aterrizaje bastante acertado en los sabores neoyorkinos, que son, en realidad, de todas partes.

Ahora sí, vamos con la caña de verdad.

Luke Lobster Nueva York

Día 1: Cuando tu primer café del día lleva un poquito de whisky, y todo va para arriba…

📌Lower Manhattan (FiDi), Dumbo, Brooklyn Heights

Nuestra primera misión aquella mañana consistía en encontrar un buen café en el sur de Manhattan, cerca de Wall Street. A pesar de que Nueva York es una ciudad que invita a caminar todo el rato con la cabeza en alto, merece la pena que de vez en cuando inclines el cuello hacia abajo. Y no solo para evitar dejarte los dientes en el asfalto. En este primer paseo, nos cruzamos con una flecha dibujada a tiza en el suelo y tres palabras que captaron nuestra atención: whisky infused cappuccino. Seguimos la señal hasta el 787 Coffee y probamos esa tentadora combinación que, efectivamente, estaba deliciosa. Lo acompañamos con la primera de varias galletas con pepitas de chocolate (queríamos comprobar, y comprobamos, que los norteamericanos son insuperables en esto de las cookies)

A la hora de comer, nos dirigimos a Luke’s Lobster, un clásico neoyorquino conocido por sus rollitos de langosta, cangrejo y camarones, servidos en un panecillo a la plancha con mantequilla, al estilo de Nueva Inglaterra. Sus bocadillos prometen llevarte la esencia de un verano en la costa de Maine, en cualquier época del año.

Aunque cuentan con locales por todo el país, su compromiso con la frescura y la calidad de los ingredientes marca la diferencia con respecto a las cadenas de comida rápida promedio (eso sí, se nota tanto en el sabor como en el precio).

La tarde nos llevó a Dumbo, en Brooklyn, donde nos esperaba uno de los atardeceres más cinematográficos de Nueva York. Exploramos el Time Out Market, un espacio vibrante con múltiples puestos de comida y un rooftop que ofrece una panorámica espectacular del Puente de Brooklyn y el Puente de Manhattan. Veintiún restaurantes y tres bares se reúnen aquí para mostrar “lo mejor de la ciudad bajo un mismo techo”. Si te interesa, puedes encontrar la lista completa de puestos organizados por tipo de comida en su página web.

La tarde nos llevó a la zona de Dumbo, en Brooklyn, donde nos esperaba uno de los atardeceres más cinematográficos de Nueva York. Aprovechamos para explorar el Time Out Market, un mercado gastronómico con mesas compartidas, y cuyo rooftop ofrece una panorámica espectacular del Puente de Brooklyn y el Puente de Manhattan. En su interior, se encuentran veintiún restaurantes y tres bares que representan «lo mejor de la ciudad bajo un mismo techo». Si tienes curiosidad, en este enlace podras encontrar la lista completa de puestos, organizados por tipo de comida.

Nos tentaron varias opciones, pero el lugar estaba abarrotado y nos apetecía algo más  tranquilo. Al caer la noche, encontramos refugio en Dellarocco’s, un restaurante especializado en pizzas napolitanas. Tiene un aire romántico y las masas no están mal, aunque a nosotros nos llegaron un poco quemadas.

Decidimos prescindir del postre. En lugar de eso, regresamos al mirador de Granite Prospect a comernos a besos rodeados de las vistas más icónicas del skyline neoyorquino.

Minetta Tavern Nueva York

Día 2: De Nueva York a Dinamarca, China o Italia

📌East Village, Chinatown, Greenwich Village, Bushwick

La Cabra es una cafetería nórdica que aterrizó en Nueva York en 2021, y que ya cuenta con tres locales en la ciudad. Su rápida expansión no es de extrañar: estos desayunos se merecen un piso en Manhattan y un poema de amor (y apostamos a que alguien ya lo habrá escrito).

Visitamos el local de East Village, un espacio pequeño pero acogedor, inundado por el aroma a mantequilla y a café recién hecho -ojalá lancen una línea de velas aromáticas o mikados con este olor-. Nosotros nos lanzamos de cabeza al bollo de cardamomo, de sabor suave y equilibrado. También probamos un cruasán perfectp y un café cremoso y suave. Sin duda, uno de los mejores que tomamos en Nueva York.

Nuestra siguiente parada fue Chinatown, un barrio que aún conserva la mejor relación calidad/precio para comer a cualquier hora del día, a pesar de encontrarse flanqueado por las exclusivas y gentrificadas zonas de SoHo y TriBeCa. Aunque las galerías de arte, cafeterías de especialidad, tiendas de diseño y hoteles boutique están colonizando poco a poco sus calles, el barrio chino, por fortuna, sigue conservando buena parte de su esencia.

En la animada escena gastronómica de Chinatown, el dim sum es el rey: dumplings, rollitos y baos están entre los favoritos. El pinneapple pork bun de Mei Lai Wah provoca largas filas, pero qué absoluta maravilla. Este año volveremos a la ciudad y uno de los motivos por los que hemos decidido alojarnos en Chinatown, es poder estar cerca de esta delicia.

A la hora del almuerzo, apostamos por un «classic & basic» de la ciudad desde 1937: Minetta’s Tavern. Un comedor clásico, con carta en papel, mantel blanco, banquetas rojas y fotografías de época adornando las paredes, recordando los años en los que figuras como Ernest Hemingway o Dylan Thomas frecuentaban el lugar. Compartimos sus dos hamburguesas y la Black Label Burger con carne de ribeye madurada, acompañada de cebollas caramelizadas, nos dejó sin palabras. Ambas llegaron con una cantidad de patatas fritas como para alimentar a todo Manhattan, lo que nos hizo renunciar al postre, a pesar de que el soufflé de chocolate nos resultaba muy tentador.

La noche nos llevó de regreso a nuestro barrio en Brooklyn, donde cerramos el día en Broadway Pizza (1142 Broadway, Brooklyn). Este local sencillo pero lleno de carácter, se convirtió desde ese instante en nuestra pizzería de referencia. Allí, entre porciones de pizza perfectamente ejecutadas y un personal amabilísimo que hablaba español, despedimos el día con una sonrisa de oreja a oreja.

Comer en Nueva York

Día 3: Esta ciudad pide desayunar (al menos) dos veces

📌Midtown Manhattan

Arrancamos el día con un desayuno sencillo en Bryant Park (con lo sencillo, es más difícil equivocarse) . Elegimos el quiosco de Breads Bakery, una panadería de origen israelí con varias sucursales en Nueva York; algunas, con productos exclusivos. Aquí probamos su famoso babka de chocolate y los rugelach, unos pequeños croissants rellenos de chocolate suaves, hojaldrados y absolutamente adictivos.

Continuamos nuestro paseo hasta el Rockefeller Center, donde, casualmente, Breads Bakery tiene otra sucursal. Y de nuevo, vaya casualidad, es la única en toda la ciudad en la que elaboran pretzels (una de mis obsesiones comestibles), asi que tuvimos que parar. Y la verdad es que no exagero al decir que fue el mejor pretzel que he probado en mi vida. Eso sí, también el más caro.

De allí seguimos hacia Times Square, ese lugar que todo turista en Nueva York quiere ver al menos una vez y por el que cualquier neoyorquino evita pasar. Es caótico y excesivo, pero si tienes una pizca de espíritu cinéfilo, no te lo puedes perder.

Después tomamos el teleférico a la isla de Rosevelt y paramos a tomar una cerveza en la barra de Granny Annie’s Bar & Kitchen antes de dirigirnos a nuestra siguiente parada gastronómica, el Burger Joint «escondido» en el hotel Thompson Central Park Hyatt. En realidad, es un secreto a voces desde que abriera en 2002.

El ambiente de esta hamburguesería, que se encuentra separada del resto del hotel y semi oculta por unas cortinas de terciopelo, es la antítesis de lo que esperarías en un alojamiento de lujo: paneles de madera cubiertos de grafitis y pegatinas, posters de películas, asientos de vinilo barato y un aire caótico que contrasta con el tipo de huéspedes más comunes de un cinco estrellas.

Sobre el condumio. La carne de angus es jugosa y mucho más sabrosa de lo que se espera de una hamburguesa de cadena. Aquí puedes pedirla con o sin queso, simple o doble (y también hay opción vegana). Si no sabes qué ingredientes elegir, la opción The Works incluye todos los clásicos: lechuga, tomate, cebolla, encurtidos y salsas.

Como ves, Nueva York tiene alternativas para todos los presupuestos y antojos, y dentro del rango intermedio, Burger Joint es una apuesta segura.

Después de comer alquilamos unas bicicletas y nos lanzamos a recorrer Central Park. Sin embargo, el clima tenía otros planes para nosotros: a la media hora empezó a llover y acabamos empapados hasta los huesos. El frío nos hizo buscar refugio en el hotel y tomar una decisión insólita en nuestras vacaciones: la de no cenar. Aunque, claro, cuando abrimos la mochila y encontramos los restos del babka y los croissants de la mañana, la idea del ayuno intermitente quedó automáticamente descartada.

Katz Comer en Nueva York

Día 4: Un Reuben orgásmico

📌Midotown Manhattan

Otro día en Manhattan, otra jornada gastronómica poniendo a trabajar nuestras mandíbulas. La mañana comenzó con café y uno de los iconos gastronómicos de Nueva York: los bagels de Black Seed Bagels. Corteza crujiente, interior blandico y un ligero toque que se obtiene hirviendo la masa en agua con miel antes del horneado. Ni una pega, de verdad.

No fue fácil elegir entre todas sus variedades: sencillos, con semillas de sésamo, amapola, con canela y pasas… Y también toca decidir el relleno. Gusto muy extraño has de tener si no te gusta el BEC (bacon, huevo, queso), que también puedes pedir con queso crema trufado si quieres llevarlo al siguiente nivel. Otro de los bagels más pedidos es el Salmón Classic (salmón ahumado, queso crema, alcaparras, cebolla y tomate).

El segundo entrepan del día, a la hora del almuerzo, lo degustamos en Katz’s Delicatessen. Un local que saltó a la fama gracias a la película «Cuando Harry encontró a Sally». Su Reuben sandwich es exactamente lo que prometen en aquella recordada escena: orgásmico. Imagina un rascacielos de pan de centeno rebosante de pastrami (o corned beef), chucrut, queso suizo derretido y salsa rusa. Es tan grande que perfectamente puede alimentar a dos personas.

Y nada de patatas fritas de acompañamiento. ¡Ve a por los pepinillos!

Esa noche, regresamos a nuestra pizzería de confianza en Brooklyn: Broadway Pizza. Y con toda la variedad que teníamos a nuestro alcance, si repetimos, fue por algo.

Levain Bakery Nueva York

Día 5: Cómo hacer la despedida un poco más dulce

📌Williamsburg

Último día en Nueva York y decidimos despedirnos de la ciudad recorriendo uno de los barrios más modernos y vibrantes de Brooklyn. El corazón de Williamsburg, repleto de tiendas vintage y cafés de especialidad, nos ofreció el telón perfecto para cerrar el popurrí gastronómico y cultural de este viaje.

La jornada empezó con un desayuno en Win Son Bakery. Si eres amante del dulce, los mochi donuts te sorprenderán: una combinación inesperada entre la apariencia de un dónut, la elasticidad del mochi y un sabor que recuerda ligeramente al de las torrijas. Un valor seguro es el chocolate bolo bao, un híbrido de magdalena, croissant y kouign-amann relleno de chocolate que nos conquistó por completo.

En el apartado salado, su menú tampoco decepciona. Te recomendamos probar alguno de sus sándwiches de huevo. Nosotros nos decantamos por el BEC (puedes elegir entre milk bun o scallion pancake). Última cafetería del viaje, y se pone primera en nuestro top de desayunos.

La lluvia, compañera intermitente de este viaje, volvió a hacer acto de presencia justo a la hora de comer, trastocando nuestros planes de probar los tacos de Birria-Landia. En su lugar, terminamos en un Shake Shack, cerrando el viaje con una hamburguesa que preferiríamos olvidar (pero que, al menos, sirvió para reafirmar que Nueva York está llena de opciones mejores).

Pero ah, antes del almuerzo, paramos en Levain’s Bakery e hicimos acopio de las que, se dice, se comenta, son las mejores galletas de Nueva York -en futuras escapadas habrá que seguir probando opciones para saber si estamos de acuerdo o no, porque alternativas hay muchísimas y ninguna con pinta mala-.

Así que, a pesar del tropiezo gastronómico final, las ganas de regresar y continuar explorando los sabores de esta ciudad infinita están más vivas que nunca.

Nueva York, cómo me gustas, aunque me arruines.

Dónde comer en Nueva York: consejos y conclusiones

  • Comer en Nueva York puede ser tan económico como un desayuno de rugelach en el quiosco de Breads Bakery en Bryant Park, unos buns en Chinatown, o un perrito caliente en Nathan’s o Gray’s Papaya, todo acompañado de tap water (que, dicho sea de paso, puede que esté tan buena como la de Madrid). Lo que pasa es que Nueva York es más divertida si traes dinero. O eso dicen…
  • La riqueza culinaria de Nueva York es el reflejo de sus habitantes que, a lo largo de los años, han traído consigo recetas y tradiciones de todos los rincones del mundo. Cada barrio tiene su personalidad gastronómica y merece la pena conocerlas todas.
  • Aprovecha los food trucks para alimentar tu estómago de manera rápida y económica. Solo tienes que seguir tu olfato.
  • Si prefieres tener una experiencia guiada, prueba este Tour Gastronómico por Little Italy  o este otro en Chealsea Market.

Lo que sí:

  • 787 Coffee: café rico y gente amable
  • Luke’s Lobster: probablemente, los rolls de langosta con mejor relación calidad/precio y disponibles durante todo el año
  • Mei Lai Wah: bollitos asiáticos para auténticos amantes del umami
  • Minetta’s Tavern: para darte un capricho al estilo clásico neoyorquino
  • Broadway Pizza: porque a nadie le amarga un buen trozo de pizza
  • Breads Bakery: no abandones la ciudad sin probar su babka de chocolate
  • Burger Joint: hamburguesas sabrosas y buen ambiente
  • Black Seed Bagels: crujientes, blanditos y con decenas de rellenos diferentes
  • Katz’s: hay quien dice que el lugar está sobrevalorado, yo me animaría a comprobarlo
  • Win Son Bakery: en nuestro top de desayunos en Nueva York
  • Levain’s Bakery: las cookies más famosas y contundentes

Lo que quizás:

  • Dellarocco: Pizza correcta, ambiente cálido, pero hay opciones mejores

Lo que no:

  • Shake Shack: una cadena más que no está a la altura de su competencia

 

¿Nos chivas tus favoritos para comer en Nueva York?

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